La mayoría de los patrimonios familiares en México se gobiernan por costumbre. Funciona mientras quien fundó sigue decidiendo, y deja de funcionar exactamente el día en que deja de hacerlo.

Un family office no se define por su tamaño sino por una pregunta: ¿quién decide, y cómo se sabe que decidió bien? Mientras la respuesta sea una sola persona, la estructura formal parece un gasto. Cuando entra la segunda generación, o cuando entran las familias políticas, esa misma estructura es lo único que separa una diferencia de opinión de un litigio entre hermanos.

Tres documentos, tres funciones distintas

Se confunden con frecuencia, y cada uno resuelve algo que los otros no:

  • Los estatutos sociales gobiernan a la sociedad. Son oponibles a terceros y se inscriben; por eso son el lugar correcto para las restricciones a la transmisión de acciones y para la integración del consejo.
  • El convenio entre accionistas gobierna la relación entre las personas. Ahí viven el derecho de preferencia, las cláusulas de arrastre y acompañamiento, y las reglas de salida.
  • El protocolo familiar gobierna lo que ningún contrato puede obligar: quién de la familia puede trabajar en la empresa, con qué preparación, cómo se reparten dividendos frente a reinversión, qué pasa en un divorcio.
El protocolo familiar no se firma para exigirlo en tribunales. Se firma para que la conversación difícil ocurra ahora, con todos presentes, y no dentro de quince años.

El vehículo importa menos de lo que parece

Sociedad anónima, sociedad civil, fideicomiso de administración: cada estructura tiene consecuencias fiscales y de control, y ninguna es correcta en abstracto. La decisión se toma al revés de como suele plantearse — primero se define qué se quiere poder hacer (repartir, vender, heredar, blindar) y sólo después se elige el vehículo que lo permite con menos fricción.

El consejo que sí se reúne

Un consejo de administración que sesiona una vez al año para firmar actas atrasadas no gobierna nada. Lo que cambia el resultado es un calendario real, un orden del día que llegue antes, y al menos un consejero independiente cuya opinión no dependa de la relación familiar. Es la pieza más incómoda de instalar y la que más rápido se nota.

Cuándo empezar

Antes de que haga falta. Un protocolo negociado en calma se firma en meses; el mismo documento discutido durante una sucesión abierta rara vez se firma.

En SLLM acompañamos a familias empresarias en la estructuración de su patrimonio, la redacción de protocolos y convenios, y la instalación de órganos de gobierno que funcionen. Escríbanos si quiere conversarlo.